NOCHE DE CARTELES de la EOL Sección Córdoba. 12/8/26

Causados por la pregunta ¿Qué se escribe en el Cartel? trabajamos hacia las XXXV Jornadas de Carteles de la EOL “provocación, elaboración, transmisión”. Las lecturas que lanzaron la conversación recorrieron distintos puntos.

Carolina Ferrieres coordinó la mesa y abrió la noche retomando la definición de Lacan, del cartel como órgano de base de la Escuela, destacó que así como nos da las bases para trabajar en el cartel, nos da las bases para trabajar en la Escuela.

Ana Simonetti partió del cartel como puerta de entrada a la Escuela y abrazando el Pase, como instrumento privilegiado para su funcionamiento. Planteó también que el cartel, además de que permite dar el curso merecido al trabajo de cada uno, en la elaboración constante en un pequeño grupo y la transmisión de una experiencia en un producto singular, incluye el principio de permutación. Respecto al Más Uno señaló que, además de tomar a su cargo la función de provocación, ha de velar para que del grupo se pase al cartel. Se apuesta a evitar el pegoteo, incluyendo la dimensión de lo más singular en el rasgo, encarnando una posición cartelizante, no sin la posición analizante.

Sofía Egea introdujo la dimensión de la experiencia, que incluye la división y vuelve posible el efecto de formación, permitiendo así también elaborar algo de la castración. E hizo énfasis en que allí, algo “de lo más valioso de una experiencia personal” puede ponerse al servicio del trabajo de Escuela.

Carolina Aiassa acentuó la vía del cartel como ayuda-contra; contra las identificaciones de grupo, contra el autoritarismo y contra el enquistamiento de los lugares de saber. Resaltó que en el cartel cada quien porta su nombre, su rasgo y las vueltas necesarias en esa elaboración colectiva.

Que se escriba algo ¿es garantía de que se transmita? Se destacó que lo que se escribe no es solo el producto, está lo que del trabajo queda como escritura aunque no se lo escriba. La experiencia, siempre singular, remite a algo activo y solo cada uno puede dar cuenta de eso.

Fue subrayado lo instituyente de la enunciación de cada uno, así como lo joven como condición para un cartel. A su vez, se encontró cierta cercanía entre la posición analizante y la posición cartelizante. También se volvió a poner en valor el decir de Lacan como orientación: ni aprender, ni estudiar, trabajar.

Y, a la par de la pregunta de si eso que se habla en un cartel no llega a tener efectos en lo que se escribe en singular, se recordó a Miller enfatizando: la Escuela del psicoanálisis, no de los analistas.

Concluimos en una cuestión crucial ¿qué se hace del saber que la experiencia deposita? Que cada uno reinvente el modo en que el psicoanálisis pueda perdurar.