Descripción del proyecto

PUM ¡ATERRITA!
Carolina Rovere

 

Quiero compartir con ustedes un comentario sobre el bien a partir de una referencia que se encuentra en el Seminario 21 de Lacan.  

¿Es posible que en esta historia del nudo borromeo pueda situarse al bien en alguna parte? Se los digo de inmediato, hay muy pocas posibilidades… Si el bien—decir no es gobernado sino por el pudor, necesariamente choca. Choca, pero no viola el pudor… “[1]

Lacan propone un deslizamiento del bien al bien–decir; el bien no condice con el nudo, pero sí el bien–decir, que puede chocar el pudor pero no violarlo. Esto me resulta magnífico: el pudor es inherente al bien decir.  

 Por otra parte, en esos tiempos ubica al pudor como única virtud, habiendo pasado por distintas formas de nombrarlo: velo, barrera, guardián. Se puede hacer una lectura de este pasaje: el velo, la barrera y el guardia pueden hacer consistir a algún Otro, la virtud necesariamente es del Uno.  

Lacan agrega que le resultó genial que hayan elegido como tapa para Televisión[2] la imagen de cierta Atterrita, que no es otra que aidos, anagrama de diosa: pudor; y también se puede entender por qué coloca este calificativo aterrada atterrita en italiano, en alusión a que el demonio-diosa haya sido encontrado en los frescos de Pompeya. 

¿Por qué aidos aterrorizada? Porque se cae el velo y el falo se revela; es allí cuando irrumpe con los brazos separados en señal de cierto enloquecimiento, nos dice Lacan. Entonces, no sería casual que en la tapa de la edición francesa de Televisión (1974) se encuentre esta imagen, ya que se presenta en el texto en donde Lacan dice: “No hay otra ética que la del bien decir”[3], el pudor tiene su lugar allí.

Para concluir esta reflexión, la ética del psicoanálisis conlleva una orientación por el bien–decir, que incluye al pudor en tanto virtud del Uno.

 


 

[1] Jacques Lacan, Seminario 21 clase del 14 de marzo de 1974, inédito

[2] Jacques Lacan, Télévision, Le Seuil, 1974. En couverture : « La femme terrifiée », Villa des mystères, Pompéi.

[3] Jacques Lacan, Televisión (1973) Otros escritos, (p. 552)