Descripción del proyecto

Osvaldo Delgado – AME de la EOL y de la AMP

El tabú

El aislamiento es uno de los modos de defensa que conceptualiza Freud en “Inhibición, síntoma y angustia”.

Lo refiere específicamente al tabú de contacto. “Es un recurso para sustraer a una cosa del mundo de todo contacto”. Queda por fuera de todo circuito del campo del significante.

En el texto, que debería llamarse “Tabú y tótem” y no a la inversa, se desarrolla en un primer tiempo toda la lógica de la cuestión del tabú, del “délire de toucher”, como contacto sexual. En este punto, considero que el conjunto de las neurosis (no solo la obsesiva) pueden ser llamadas “enfermedad de los tabúes”.

Luego de la cuestión del tabú, Freud desarrolla la cuestión de la horda primordial y de la horda fraterna.

Esta segunda horda está orientada por la cuestión de la culpa retroactiva en el caso de las neurosis obsesivas.

Pero en verdad, todo se desarrolla a partir del no contacto con las mujeres. Ahí, en ese punto, se pone en juego el tabú de contacto, dando lugar no sólo a la culpa, sino también al fantasma sacrificial. Es Isaac adorando a Abraham. Freud lo formula como “una suerte de reconciliación con el padre”. No salirse de lo que el Nombre del Padre, el orden fálico, determina como sentido.

Retrocediendo ante las mujeres salvaron el orden homosexual, en la horda fraterna. Llamo aquí “mujeres” a lo femenino, en términos de Lacan; y “homosexual” al orden fálico, las neurosis. En tanto estas son un retroceder ante el acontecimiento del cuerpo.

En el texto «El tabú de la virginidad», Freud dice que la mujer es «en un todo, un tabú», por eso hay un «horror básico» a la mujer. “Toda vez que el primitivo ha erigido un tabú es porque teme un peligro, y no puede negarse que en todos esos preceptos de evitación se exterioriza el horror básico a la mujer. Acaso se funde en que ella es diferente al varón. Parece enteramente incomprensible y misteriosa, ajena y por eso hostil”.

Por lo tanto, si el aislamiento, es uno de los modos de defensa en las neurosis obsesivas, formulo otro estatuto del concepto «aislamiento»: lo femenino mismo como tabú.

Fue Lacan, quien atravesó esa defensa en la teoría y en la orientación clínica. Lo llamo atrevidamente: el Pase de Lacan.

Por lo tanto, ese encuentro contingente al no tornarse necesario, demuestra lo imposible. Esa contingencia, también es un nombre del tabú y lo femenino.