Cómo leer MD 46: El texto y sus texturas

 

“Un texto, como su nombre lo indica, solo puede tejerse haciendo nudos.
Cuando hacemos nudos, algo queda y cuelga”[1]

Este título no anticipa instrucciones del tipo para dar cuerda al reloj o para subir una escalera. El epígrafe da pie para decir algo sobre el problema de la lectura.  El psicoanálisis es una cuestión de escucha, pero sobre todo de lectura. Una lectura que se ajusta con el bien decir, son indisociables.  El bien decir propio del psicoanálisis no es cuestión de retórica, se funda sobre el saber leer. Es un arte darle vueltas al lenguaje a través de los trozos de dichos, o mediodichos, para que algo se recorte y caiga, porque entendemos que hay algo que nos habita como seres humanos, en lo más íntimo que revela lo que no anda. Hay cosas que no encajan, no dan los números… esto se presenta como lo imposible entre el lenguaje que nos es dado y el cuerpo que tenemos.  Esa inconsistencia, ese desfasaje propio del serhablante, lo imposible de capturar por las palabras, para nosotros implica lo real y revela la existencia del inconsciente, un enigma susceptible de elucidar al modo como se hace con un texto. Si algo aprendemos de la lógica que nos enseña Lacan, si nos dejamos enseñar por la operación del análisis, podremos leer de otra manera.

MD46 lleva la marca de una época signada de encuentros virtuales, se gesta con el rasgo de lo no presencial, “¿Cuál es el lazo (lien), sino el lugar (lieu), de la representación de lo escrito?” se pregunta Lacan en el Seminario 25 (1978). “Lien”, “lieu”, el valor de la asonancia se pierde en la traducción, nos queda “lugar” y “lazo” revistiendo esa topología del deseo que, a fuerza del engranaje firme y decidido, se materializa, insiste en salir a la luz.

M46 lee bien la cuestión del Bien, lo hace a nivel de sus paradojas, interpretando así los tiempos que la ven surgir. Basta mirar su tapa, un primer plano de rebaño de ovejas. ¿A donde van todas juntitas marchando al compás? ¿Estaban pastando en el prado? ¿Se dirigen al matadero? ¿Qué miran? ¡Cuidado no nos suceda como a Cortázar con su Axolotl! Así se gestó esta criatura en pandemia. Se nos ofrece para que la leamos, elevando la lectura a la categoría de acontecimiento, tomando lo que viene a tramarse como efecto de erosión, como lacan define lo escrito. “Pobre ovejita, incapaz de albergar la menor idea de lo que es lo real”[2].

Hablar la lengua del Otro

MD46 nació en el 2020, un año que no pasará desapercibido para nadie…para bien o para mal. Vino a interpelar esta época tratando de subjetivar el acontecimiento “pandemia,” pero no se queda ahí. Nos va sumergiendo en los canales que abren los textos, la pandemia del bien y del mal, la del miedo, la de cada quien. Va creando con sus texturas, revelando el poder del discurso del amo, el individualismo anómico, sus vertientes eufemísticas de “buenas intenciones”… Advertida de las servidumbres voluntarias, del cientificismo alegórico de las “buenas” noticias del progreso, propone hacer lugar a una política sobre la vida que contemple lo transindividual. A veces conviene “dejar que las verduras se pudran”[3] y ver qué se cuela en ese detalle inútil, ínfimo, sutil.

MD46 nace en la cultura local, habla la lengua de Córdoba, pero se inscribe en la comunidad analítica de la AMP eso la hace plurilingüe, y dispuesta a la conversación con otros discursos. La cultura, como dice Lacan, es algo que conviene conservar porque hace cosquillas y despabila, nos despierta cuando estamos embotados[4].

Conviene hacer una distinción, una cosa es la lengua que hablamos como comunidad -el idioma- y otra muy distinta es lalengua. Este neologismo es inventado por Lacan para designar lo que es absolutamente propio de cada serhablante, y que estructura nuestro inconsciente hecho de una lengua viva, que no para de sufrir “retoquecitos”.  Desde esta premisa el texto teje los siguientes nudos, las transformaciones de la lengua, las lógicas de lo colectivo, las implicancias del colectivo como sujeto de lo individual. La Escuela, por supuesto, presente con sus dispositivos, el Cartel y el Pase, con la orientación por lo real, señalando el punto donde el deseo del analista, opera para airear el sentido y la sugestión. Toma posición a contrapelo de la homogeneización de un discurso universal, ya que la manera en que las palabras afectan el cuerpo siempre es singular. En ese sentido anuda lo que hablar quiere decir con una la lógica de las consecuencias, que es lo que define al psicoanálisis de nuestra orientación.

La imposible traducción

Quiero dedicar unas líneas sobre el problema de la traducción, que fue la primera aproximación a trabajar en nuestra querida Mediodicho, como invitada, mucho antes de integrar su comité editorial.

Traducir tiene sus inconvenientes, los “falsos amigos”, las palabras-puente, los “intraducibles de la lengua” según B. Cassin[5]. Pero no solo estos, supone contar con al menos dos lenguas: una de origen, la del autor, y la lengua del Otro, la del lector, de manera que, implica toparse con la discordia entre las lenguas.

El texto “Lo ominoso” de Freud, por ejemplo, tiene múltiples traducciones. “Das Unheimliche”, fue traducido en portugués como “Lo extraño”, “Lo inquietante”, mientras que en otras lenguas, como equivalente a “La inquietante extrañeza”, “Lo inquietante familiar”, “Lo siniestro”, etc. Esta serie señala que la integral de equívocos de la lengua opera en lo intraducible. En la presente edición, tenemos un texto de R. Ferreira Da Silva donde trabaja este punto de lo infamiliar como marca de imposibilidad.

Diría que traducir, puede ser un tratamiento de la extranjeridad que a cada quién habita.  Esa “inquietante extrañeza”, esa parte ominosa, ineducable, por cierto, conviene hacer hablar, es esta una diferencia fundamental del psicoanálisis con las psicoterapias.  En esa vía, MD46 pone en acto ese gesto político, en tanto concierne a una lógica desegregativa que aviva la Escuela.

Por lo dicho, o mejor por lo Mediodicho, por aquellos imponderables que la lengua no alcanza a decir ni traducir, es una invitación a tejer con ella la urdimbre de la propia extranjeridad, a hacer nudos, para que algo quede y cuelgue.

Josefina Elías
Psicoanalista AP, miembro de la EOL y la AMP


[1] Lacan, J.  El Seminario. Libro 19, p.169.

[2] Seminario 20, p.70.

[3] Sferco, Paola.

[4] Ídem.p.68.

[5] Cassin, B. Elogio de la traducción, 2019.