La Urgencia en la Red – Javier Cabrera

Los sujetos que llegan a la Red, en general, lo hacen atravesados por situaciones de urgencias, nombrando muchas veces lo que les sucede con categorías extraídas de la época, especialmente de la nosografía psiquiátrica imperante: “soy Toc, tengo Ataques de pánico, soy Depresivo, etc”. La admisión a la Red interpondrá una pausa en ese tiempo, un momento de apertura, un espacio de escucha, dispositivo apoyado en “un” lapso y “un” lugar, es decir dos  modalidades del Otro, intervalo  indispensable para la escucha del sujeto que decide recurrir a la RED.

Muy tempranamente Jacques Lacan, en el  año 1953, en su texto Informe de Roma, dice: “nada creado que no aparezca en la urgencia, nada en la urgencia que no engendre su rebasamiento en la palabra”; nada es creado sino a partir de alguna urgencia, se puede pensar así desde esta frase, no solo a la urgencia como algo que empuja sino también como  algo que produce, engendra, tiene efectos de creación.

Si en la perspectiva del sujeto se trata de introducir una pausa, en la del ser-hablante, del parletre como decía Lacan, se agrega la necesidad de ubicar una oferta que esté a la par de la urgencia de quien lo requiere. Quien se ofrece es el analista en su función de partenaire, partenaire del goce que al parletre lo afecta; aquí el analista debe ser “capaz de ocupar ese lugar insensato donde el sentido y el sinsentido se conjugan” (Gabriela Salomon).

En la civilización del trauma, en los tiempos de la urgencia generalizada, en los tiempos del Otro que no existe (época en la que se revela la carencia de los grandes relatos, de los ideales, de las tradiciones que antaño cobijaban, sostenían y guiaban al sujeto) se pone de relieve una clínica muy precisa, que según Leonardo Gorostiza podríamos llamar “clínica del desamparo”, de los sin techo, para utilizar parte del sintagma de nuestro programa de investigación en la Comisión de la  Red.

Entonces, ante el desamparo, el analista que realiza la admisión intentará introducir una pausa, un tiempo en el que se jugará el esfuerzo para que allí se anude algo de la transferencia que trajo a ese sujeto a la Red (detalle que no carece de importancia) con el analista practicante que lo recibirá, para alojar esa incipiente llama; intentando en esa recepción que algo pase, y que anude a ese sujeto con un analista que tendrá la responsabilidad de hacer existir el Psicoanálisis una vez más; nosotros podemos llamarlo analista, para el que viene no será tan importante el título, sino que la función desde donde sea requerido ponga en marcha, modestamente, el discurso del analista, en su impredecible potencia.

Javier Cabrera.

2017-10-30T18:56:17+00:00
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